martes, julio 14, 2009

Menos "basta"


Para hoy tenía algunos temas que quería desarrollar en este blog. Están los 40 años de la llegada a la luna, o quizás el relato sobre la majestuosa inmensidad de una cúpula celestial completamente estrellada que me tocó observar de madrugada en alguna parte del desierto de atacama este verano.


Sin embargo estas ideas dejan de tener sentido alguno, cuando ayer me entero de la muerte de un joven de 18 años a manos de delincuentes cuando se encontraba a un par de cuadras de su casa.


Cuando me enfrento a este tipo de situaciones, mi capacidad de entendimiento irremediablemente deja de funcionar. Se supone que a medida que los pueblos avanzan, cuando se mejora la educación y aumenta la cultura, necesariamente debería aumentar el respeto hacia el ser humano.


En el lejano oeste, el valor de la persona era ínfimo, y por la más mínima expresión de rechazo, se disparaban sin mediar argumentos. En definitiva era la ley del más fuerte o quizás del más armado y ágil. Hace apenas 150 años todavía se vendían esclavos legalmente en algunos países del orbe.


Han pasado poco más de un siglo de todo esto y el hombre ha dado saltos gigantescos en el aspecto científico, la tecnología y en general en todo tipo de conocimientos. En algunas sociedades se practica la tolerancia y el respeto mutuo, en definitiva el “no hagas a los demás lo que no quieres que hagan contigo” es una práctica común en algunas sociedades actuales.


Sin embargo estos conceptos al parecer no han permeado a nuestra sociedad en su conjunto. Hoy día se percibe mayor agresividad y mala educación en las personas. Se aprecia poco respeto hacia el resto y se confunde libertad de expresión por libertinaje.


Lamentablemente nos hemos ido acostumbrando a todo y pocas cosas nos llaman la atención. Hechos que nos deberían impactar, doler y rechazar con todas nuestras fuerzas, apenas nos afectan y muchas veces los consideramos como algo normal, del día a día y quizás que no vale la pena discutir. ¿Nos hemos puesto más “tolerantes” o quizás permisivos?


Yo no conocí personalmente a Sergio Aguayo Muñoz, pero si me liga una amistad de muchos años con su padre y sus tíos. Los conozco desde niños, cuando en un Santiago ya lejano, jugábamos en las calles Hendaya, Gertrudis Echeñique, Presidente Errázuriz y sus alrededores en el sector del Golf. Comprendo, pero quizás no alcanzo a dimensionar el terrible desgarro que deben sentir en estos momentos.


Considero que debemos comenzar a decir “basta” de este tipo de situaciones. No podemos permitir que nuestra sociedad se siga enfermando y deteriorando, como ha ido sucediendo en los últimos años. Basta de vivir encerrados como delincuentes en nuestras propias casas, basta de tener temor de salir a la calle, basta de vivir con angustia cuando nuestros hijos salen de noche, basta de la mala educación y de la prepotencia, basta....


Una última reflexión. Sergio quería ser donante y su familia cumplió con este deseo. Creo que ese es el tipo de sociedad por la cual deberíamos luchar. Abogo por una sociedad más solidaria, respetuosa, educada. Una sociedad más sana, más limpia y transparente.


Quiero una sociedad con más valores y menos “basta”.

viernes, julio 03, 2009

Amigos en lo Alto


Este verano fue algo especial. Así como relaté mi experiencia en el camino hacía el Parque nacional Fray Jorge, también ocurrió un hecho especial y distinto en una pequeña localidad pre cordillerana de nombre “Alto del Carmen” . Este pueblo es conocido por muchos por su pisco de igual nombre y por algunos menos, por el proyecto “Pascua Lama” y sus glaciares.

Alto del Carmen es un pueblito al oriente de Vallenar . Se llega desde esta última ciudad, bordeando el rio "Huasco" y su afluente “El Carmen”, ríos de escasas aguas, pero que llenan de vida la zona. Se accede por un camino pavimentado, en buen estado, sinuoso y con una vegetación que va cambiando a medida que se sube y se interna en dirección a la cordillera, dejando atrás el embalse "Santa Juana" . Al acercarse al pueblo, el valle se angosta y las laderas de los cerros aparecen tapizados por las vides.

Al igual que otros valles del norte, las cumbres se aprietan al acercarse a su origen y se tragan el valle bajo un cielo traslúcido. Es ahí cuando la naturaleza transmite mágicamente una sensación de tranquilidad, paz y serenidad que llena el cuerpo y el espíritu, logrando una conexión con la tierra difícil de describir

El pueblito, antiguo y ordenado, mucha construcción en adobe, una plaza bien tenida con altos y añosos árboles, algunos parroquianos circulando por las limpias calles, pocos vehículos y escaso comercio, nada de ruido. Poco más allá, las oficinas de una importante empresa minera se destaca en este pueblo tranquilo y alejado hasta hace poco del ajetreo que conlleva el desarrollo económico.

Era tarde, el sol se ocultaba cubriendo con su luz rojiza las laderas de los cerros que resguardan el poblado, aumentando la sensación de estar en un mundo desconocido, a veces irreal e incomprensible muchas veces para nuestro pensamiento citadino.

Mientras nos tomábamos un café en el único local al lado de la plaza, una mezcla de fuente de soda, salón de eventos, restaurant y salón de Té, la dueña nos indica donde comprar artículos típicos de la zona. Atravesamos la calle y llegamos a una construcción de color rojo. La puerta de madera se encontraba abierta y a su alrededor, hacia la calle en sobre relieve, figuras de colores que nos recordaron a Gaudí . Lo mismo nos ocurrió cuando observamos el piso, una vez traspasado el acceso principal. Una figura de un pez nos trasladó al parque Güell de Barcelona .

Tocamos, pero nadie contestó. Entramos por el corredor oscuro en dirección al fondo iluminado. Al final, un grupo de amigos departían alegremente la preparación de un asado de cerdo con el dueño de casa. El, un hombre de mediana edad, moreno, más bien bajo, nos indicó que no estaban atendiendo en ese momento. Amablemente nos acompañó hacia la salida dando las escusas de rigor. En el trayecto de 15 pasos nos demoramos más de una hora para llegar a la puerta de calle y despedirnos.

En el pasillo nos contó parte de su vida. Heredero de la cultura diaguita , originaria de esa zona, había estudiado arte y trabajado en París y Barcelona hasta que sus raíces lo habían devuelto a su tierra de atacama . Buscando, encontramos que teníamos conocidos comunes, casi amigos, lo cual nos acercó mucho más e hizo que se alargara la conversación.
Hoy, dedicado a la orfebrería, a la defensa del valle y a la producción de licor, este amigo nos dejó invitado a su casa en lo alto de la montaña. Como nos dijo, pocas comodidades pero un corazón grande para recibirnos cuando quisiéramos.
Agradecemos la hospitalidad que recibimos y habiéndole comprado toda la producción que disponía del mejor pajarete , bajo un cielo estrellado, regresamos al Parque Nacional Llanos de Challe.



Algún día volveremos a visitar a nuestros amigos de “Alto del Carmen”.