jueves, marzo 26, 2009

Velos

Hace varios años, cuando mi hija mayor, que hoy está en la Universidad comenzaba la educación media, sucedió un evento que cada cierto tiempo me viene a la memoria. Son esos hechos que pueden pasar desapercibidos para la mayoría de las personas o resultar intrascendentes, pero en cambio en mi caso, me dejó pensativo y cada cierto tiempo aflora hacia el consciente, sobre todo cuando me toca analizar temas asociados a la tecnología y su introducción dentro de las empresas actuales.
En aquella oportunidad, al ingresar a su dormitorio, la encontré sentada frente a su computador personal trabajando en una tarea del colegio. Buscaba información en internet, leía y analizaba los textos, seleccionaba artículos y párrafos relevantes y los traspasaba al procesador de texto, donde iba armando el informe que debía entregar. Hasta ahí, todo se veía normal y era una situación común que pasa habitualmente con nuestros hijos. Sin embargo, lo “curioso” de todo esto, es que mientras realizaba dicha operación, en forma simultánea, chateaba con sus amigos a través del ICQ (esto para que vean que la historia es antigua), conversaba a través del teléfono, además de bajar y escuchar música como lo hace cualquier adolescente “concentrado” haciendo sus tareas escolares. No me recuerdo que nota sacó en el trabajo de esa época, pero por los resultados actuales, eso ya no tiene ninguna importancia.
Si se compara la situación anterior, con lo que ocurre en las empresas tradicionales, donde existe una frontera invisible, muchas veces insalvable, entre las tecnologías, su aplicación e impacto en los negocios y los tomadores de decisiones, hace que se vislumbre un futuro muy poco alentador para estos últimos, si no se produce un cambio en la forma de visualizar la tecnologías de la información y su inserción dentro de las empresas locales. A modo de ejemplo, hace algún tiempo, un amigo, dueño de una empresa de servicios de software me comentaba que había decidido prohibir el uso del Messenger dentro de su empresa. Lo anterior, debido a que consideraba que ese tipo de programas de “entretención social” atentaban contra la productividad individual. Al poco andar, comenzó a recibir reclamos de los clientes dado que ya no contaban con un canal expedito para acceder al soporte técnico.
Casos similares ocurren con los SMS orientados a coordinar actividades durante la revolución de los pingüinos o el caso de Facebook o twitter, como herramienta diferenciadora dentro de una elección presidencial. Como estos, existen un sinnúmero de casos, en donde las tecnologías se han aplicado de una forma completamente distinta a como fueron originalmente concebidos por sus creadores.
Este es un sencillo, pero claro ejemplo de cómo muchas veces cada uno de nosotros, sin darnos cuenta, ponemos velos mentales y no somos capaces de “percibir” las cosas obvias. Estas barreras seguramente son impuestas por un esquema de pensamiento estructurado aprendido desde nuestra primera infancia, reforzado socialmente y parte de un sistema que premia la homogeneidad. Si a esto, agregamos que existe una “población activa y trabajadora”, de acuerdo al concepto clásico y estadístico, nació, creció y no participó de la informatización, hace que la brecha digital sea muy difícil de superar para un conjunto importante de nuestra sociedad.
La pregunta que surge es si estas personas que les llegó de adulto la digitalización de las empresas, son capaces de tomar decisiones de negocio considerando estas nuevas variables. Sinceramente, creo que son casos aislados. Basta revisar los estudios sobre el uso de tecnologías en este país, y mirar cuantas empresas utilizan la internet, y de estas, cuantas las usan como un medio efectivo de negocio y no como una simple "Memoria Empresarial", o en qué posición relativa dentro de la estructura jerárquica se encuentra el encargado de tecnologías (si es que existe un encargado). Les aseguro que más de una sorpresa se llevarán.
Bajo esta situación, entonces para que insistir en la WEB 2.0, las tendencias que existen, el uso de las redes sociales y el impacto que esto puede producir. La respuesta es simple. Porque los nuevos consumidores que se incorporarán rápidamente al mercado así lo exigen. Hoy vemos un consumidor joven informado, exigente al elegir un bien o servicio, pero además, exigente en el respeto de sus derechos. En la actualidad, este joven revisa, compara, selecciona y compra a través de internet y ante un problema utiliza la red para hacer su reclamo. Reclamo que queda disponible para cualquier futuro comprador y que probablemente influirá en la futura decisión que tome al adquirir un producto de determinada marca. Esto que parece tan simple, no está incorporado dentro de las empresas tradicionales. La mayoría de las empresas siguen usando los canales tradicionales, pero no han dimensionado el impacto de las nuevas tecnologías y las tendencias futuras.
Por lo tanto, aunque parezca obvio, es si se quiere sobrevivir a la nueva forma de hacer negocios, será necesario contar con la experiencia, pero a ella incorporar la visión no contaminada de la juventud. Esta mezcla producirá la sinergia necesaria para desarrollar nuevos negocios con una óptica renovada, repensada, pero incorporando la sabiduría que entregan los años .....